miércoles, 12 de marzo de 2008

“HAY” FESTIVAL DE GALES…LA FIESTA DE LA PALABRA

Por Juan Cruz
Escritor y periodista, adjunto a la dirección del diario El País

Conocí el Hay Festival en Gales, su lugar de nacimiento, hace tres años; el festival
de la palabra ya es tan conocido en España que no es necesario explicarlo,
pero entonces había que explicarlo, porque ocurrían cosas que aquí sorprendían
muchísimo. Por ejemplo, había que pagar por escuchar a los escritores y a los artistas.

Esto aquí era, y es aún, inconcebible. A los escritores no se les paga por
hablar, esa es una tradición hispana, y por tanto tampoco se debe pagar por escucharlos.

Pero en el Hay Festival había que pagar por escuchar; por cierto, no se
les paga por hablar, esa es una convención. Se supone que van allí a crear ambiente
en torno a su obra, y en cierto modo han de pagar por ello.
Hubo algo más que me sorprendió en Hay on Wye, donde acudí por primera
vez a un festival del estilo Hay, pues este festival tiene un estilo definido,
no es cualquier cosa. Me sorprendió cómo se implica en el certamen la gente del
lugar, una pequeña localidad galesa en el borde de Inglaterra y Gales, famosa
porque alberga el mayor número de librerías de viejo por metro cuadrado en todo
el Reino Unido, que es un país de librerías de viejo. A mí me fue a buscar en su
coche, que había puesto a disposición de la organización, un ingeniero mecánico
que durante unos días dejaba su oficio para dedicarse como voluntario al Hay
Festival. El hombre, que estaba totalmente comprometido con la idea de complicar
los libros con sus autores, de escucharlos y de atenderlos, me llevó a una casa
particular, de un empresario galés, que cada año habilitaba unas habitaciones de
su amplísima mansión para que se quedaran allí visitantes ocasionales del Hay;
algunos de mis compañeros de pensión, periodistas o escritores, llevaban yendo
ya varios años, y tenían con los titulares de la casa una relación familiar que es,
por otra parte, el aire de familia que tiene todo el Hay. Y me sacó de Hay, en coche,
un pianista que buscaba trabajo, y mientras lo encontraba prestaba su furgoneta
para que los escritores del Hay fueran y vinieran.

Estuve allí hablando con escritores, con periodistas, conocí a Peter Florence,
el fundador (con su padre) de esta idea imparable de palabras y de ecos, estuve
con Al Gore, que en ese festival inauguró su larga serie de conferencias sobre
el cambio climático, yo mismo moderé algún debate, y me quedé fascinado por la
capacidad de comunicación que en sí mismo tiene este acontecimiento. Todos los
asistentes pagaban su asistencia a los coloquios, éstos eran organizados con una
perfección sistemática que sorprendía, cómo no, a los anárquicos gestores culturales
españoles, como yo mismo, y se respiraba en todas las ocasiones una sensación
de libertad y de respeto, de profesionalidad, que desde entonces añoro en las
manifestaciones similares que organizamos en España.

Cuando volví del Hay Festival traté de vender la idea a los amigos de la
Feria del Libro de Madrid, y algunas cosas similares llegamos a hacer, aunque
todavía la propia idea está en barbecho, pero algún tiempo después los muy eficaces
gestores del Hay —con Cristina Fuentes La Roche a la cabeza, y con Sheila,
y con Peter, y con tanta gente— mantuvieron una idea que entonces se había
presentado en Gales y que el ayuntamiento de Segovia acarició como una manera
de darle a la ciudad (que ahora está a veinte minutos de Madrid) su propio Festival
Hay. Ya ha tenido Segovia dos temporadas de Hay, y ya no hace falta explicar
en ningún sitio (o quizá sí: estoy intentando de vender la idea a mis paisanos
canarios, para hacer allí un Hay también) qué es este festival de la palabra que
ahora ya está instalado como una posibilidad de cambiar de veras la fisonomía
cultural de las manifestaciones de este tipo. El último Hay al que he asistido, de momento, porque dentro de nada hay uno en Granada, en La Alhambra, es el de Colombia, en Cartagena de Indias.

Allí ya se lleva celebrando tres años, y ya está instalado en la hermosísima y suculenta ciudad caribeña como parte de una de sus señas de identidad. El gentío
que acude a cada una de las sesiones desmiente el aplatanamiento caribeño (tópico
que coincide con el del aplatanamiento canario). A una de las sesiones, la que
tuvo como protagonista a Michael Ignatieff, el político y teórico canadiense, acudieronmás de mil personas; más de mil personas fueron a muchas de las actividades, lo extraño es que a una que tenía como objeto escuchar a un académico
hablar de terrorismo de Estado acogiera un número tal de personas que querían escucharle. Y le escucharon (así pasó siempre, en todas las oportunidades) en medio de un silencio extraordinario, hasta que llegó el turno de preguntas, y éstas
se condujeron dentro de un respeto, por las ideas, por las respuestas, por las preguntas ajenas, que a mi me resultó ejemplar.

Hubo muchísimos más encuentros, debates y coloquios; el más multitudinario,
sin duda, fue el que concentró a los fans de Serrat y a los fans de Sabina para escucharles hablar del bolero, conducidos por el periodista colombiano Roberto
Pombo; y otro diálogo muy célebre fue el que tuvo el propio Sabina con el
periodista Julio Villanueva en el mismo escenario, el teatro de Cartagena, donde
en los años 20 del siglo pasado consolidó su fama latinoamericana la gran María
Guerrero.
Pero el Hay Festival no es un encuentro entre cuatro paredes, ni es tan solo
la reunión de un grupo de escritores, periodistas y artistas de otros géneros; es,
sobre todo, un acontecimiento urbano que cambia por unos días, dos o tres días,
la esencia de la ciudad, y al hace bailar al ritmo de la palabra. Es una gran oportunidad para que esa ciudad se ponga en primer plano, y acostumbre a sus habitantes a sentirse en el centro de un debate, a ser parte del debate cultural. En Cartagena florecieron las librerías, los restaurantes y los cines, se crearon foros públicos alternativos, la gente empezó a pensar que estaba en el centro del mundo.

Hubo encuentros de escritores que jamás se habrían encontrado de otro modo, y
fructificaron amistades, e imagino que enemistades, muy creativas. Entre los
acontecimientos que observé, y lo conté en El País, mi periódico, hubo uno que
se me quedó grabado en la retina. Fue la conversación, inaudible para mi, y para
los demás comensales, que sostuvieron el colombiano Héctor Abad Faciolince,
autor del libro El olvido que seremos, y la escocesa (su padre era un político de
Sierra Leona) Aminata Forna; a sus padres los asesinaron, los paramilitares colombianos en el caso del padre de Héctor, y el Gobierno de Sierra Leona al padre
de Aminata.

Aquella conversación silenciada por el ruido ambiente se producía en el marco de una gran seriedad; yo no conocía el caso del padre de Aminata, así que no sabía en aquel instante por qué estaban tan circunspectos y entristrecidos. Cuando ya lo supe, ese encuentro se me quedó como un símbolo de Hay, de lo que es capaz de concitar un encuentro así de mentes, de escrituras y de culturas.
Había muchos españoles, no tantos quizá como tendrían que haber ido, y
había muchos latinoamericanos; había flotando en el aire disociador de todo encuentro literario la convicción de que estábamos asistiendo a algo de importancia
capital, de cuya reiteración generosa depende la vitalidad de nuestra cultura, porque
sólo se hace éste en contacto con las otras, vivificando, gracias al encuentro,
las ideas preconcebidas, y también las ideas nuevas.
Ahora, casi cuatro años después de la primera experiencia, soy un apasionado
del Hay Festival. Acaso porque soy un apasionado de escuchar a aquellos
que no se sienten felices hablando solos.

Madrid, febrero de 2008

Fuente: http://www.fundacioncarolina.es/NR/rdonlyres/6E35CD1A-E44E-4972-B707-DCDA70231866/1910/ArtículoJuanCruz208FC.pdf

miércoles, 5 de marzo de 2008

Blu-ray: el elegido para sustitutir al DVD


Blu-ray se convierte en el formato de disco óptico estándar para la alta definición en un momento clave donde la tendencia apunta hacia el negocio online

Con el abandono por parte de Toshiba de la fabricación del formato HD-DVD, se despeja el camino para la penetración de la alta definición en los hogares mediante el disco de soporte Blu-ray. Tanto este formato como el ya extinto HD-DVD aparecen como la evolución natural del DVD, al ofrecer una mejor resolución y audio de calidad. Las ventajas respecto al formato DVD son evidentes a primera vista al contemplar una película en formato Blu-ray desde una televisión de alta definición. Pero, ¿llega tarde esta propuesta?

Por ANTONIO DELGADO

El formato DVD ofrece una resolución de 720x576 píxeles por pulgada, mientras que la definición alcanzada por Blu-ray es de 1920x1080. Esta última cifra, 1080 píxeles por pulgada, es la considerada como 'Full HD' o alta definición total.

El DVD, con sus 4,7 Gigabytes de almacenamiento, no puede cubrir las expectativas de los equipos de televisión y reproductores actuales, que alcanzan la alta definición total. El Blu-ray, sin embargo, es capaz de almacenar hasta 25 Gigabytes.

Otra de las ventajas del Blu-ray respecto al DVD es la navegación a través de los menús interactivos del disco: con Blu-ray es posible navegar por ellos al mismo tiempo que se visualiza el contenido audiovisual, mientras que en DVD sólo es posible realizar una acción al mismo tiempo.

La tecnología Blu-ray es compatible con los DVD tradicionales y los usuarios pueden seguir disfrutando de sus películas en formato DVD
Además, Blu-ray es compatible con los DVD tradicionales y, por tanto, los usuarios pueden seguir viendo sus películas en formato DVD en los nuevos reproductores Blu-ray. Incluso alguno de estos modelos realiza un escalado del formato DVD a la alta definición, permitiendo visualizar el contenido del disco DVD con mayor nitidez que en los reproductores hasta ahora lanzados al mercado.

Con respecto al audio, Blu-ray incorpora diferentes sistemas de alta fidelidad como Dolby Digital Plus, Dolby True HD, DTS HD, etc.

Descripción física

A primera vista no hay diferencias entre un disco DVD y un Blu-ray, ya que ambos utilizan el mismo tamaño de disco (12 centímetros). Las diferencias están en la tecnología de escritura.

Blu Ray utiliza un láser azul, de ahí su nombre, con una longitud de onda más corta que la utilizada para 'escribir' los DVD, gracias a la cual se almacena una mayor cantidad de información en el mismo espacio, ya que los surcos son más pequeños.

En cuanto al formato físico, Blu-ray puede almacenar datos en las dos caras del disco. Las capacidades son de 25 Gigabytes para un disco grabado por una cara y 50 Gigabytes para un disco grabado por ambas, frente a los 4,7 Gigabytes por cara de un DVD.
Sin embargo, esta capacidad puede que aumente en el futuro. Hitachi presentó el pasado mes de octubre un prototipo de disco Blu-ray capaz de almacenar 100 Gigabytes, compatible con los reproductores Blu-ray que actualmente existen en el mercado.

Formato muy restrictivo

Los sistemas anticopia (DRM) son otro de los aspectos que han evolucionado respecto a los utilizados en el formato DVD, haciéndose más duros y menos amigables al derecho a la copia privada que, presuntamente y según la ley, tiene el usuario.

De hecho, Blu-ray incorpora cinco sistemas anticopia, uno de ellos el AACS, una mejora con respecto al formato CSS utilizado en el DVD.

De todas formas, Blu-ray incorpora un sistema de gestión de copia, denominado MMC. Este sistema permite, en teoría, poder realizar una copia del disco para ser utilizado en otros dispositivos. A pesar de ello, algunos analistas expresan sus temores a que las empresas de contenidos puedan cobrar en algún momento por realizar dicha copia.

No obstante, incluso con estas mejoras en los sistemas anticopia, el sistema AACS ya ha sido roto por algunos hackers y en el mercado existen aplicaciones que permiten desencriptar el contenido y poder realizar una copia privada para uso personal.

Blu-ray puede impedir la reproducción de cualquier contenido en un determinado modelo de aparato grabador al incluirlo en una lista negra que se introducirá en el disco óptico
En este sentido, y a pesar de las ventajas, los detractores desconfían de las bondades de esta nueva tecnología, así como de la política restrictiva respecto a los usos posibles del contenido en este formato.

Blu-ray, entre otras aplicaciones, permite que los propietarios de los derechos puedan revocar las claves de control de contenidos a los dispositivos grabadores de una determinada marca y modelo, impidiendo la reproducción de cualquier contenido en el aparato grabador al incluirlo en una lista negra que se introducirá en el disco óptico.

Otros de los protocolos anticopia que incluye es el denominado BD+. Este sistema permite cambiar de protección criptográfica, para detectar si un dispositivo ha sido modificado para saltarse el DRM. El objetivo es también impedir la reproducción.

Tampoco se podrán grabar contenidos audiovisuales que estén siendo visionados, al incorporar los reproductores y grabadores un software que lo impedirá.

Los usuarios con sistema operativo basado en software libre, como Linux, no podrán usar Blu-ray
Además, Blu-ray incorpora el ICT, un sistema que limita la resolución de salida de vídeo si el cable utilizado del reproductor a la televisión es analógico. De esta manera, la industria se asegura de que se utilizan cables que cierran el paso a posibles copias no autorizadas por ellos.

Por último, al ser una tecnología propietaria, los usuarios con sistema operativo basado en software libre, como Linux, no podrán visualizarlos.

Reproductores actuales

Sin duda, la PlayStation 3 de Sony, se ha convertido en el gran 'caballo de Troya' para la introducción de la tecnología Blu-ray en las casas. Según los últimos datos de la industria, en España el índice de penetración de Blu-ray en los hogares era de un 75% con respecto al ahora extinto HD-DVD y en gran parte gracias a la videocosola.

Algunos fabricantes como Microsoft, que apostó por el formato HD-DVD y lanzó una consola Xbox360 con este formato, ya se plantean el lanzamiento al mercado de una versión de la popular de la consola con Blu-ray.

Un grabador para Blu-ray compatible con la grabación por las dos caras tiene un precio superior a los 1.100 euros
Los grabadores para Blu-ray que actualmente existen en el mercado tienen un precio elevado. Un grabador para Blu-ray compatible con la grabación por las dos caras tiene un precio superior a los 1.100 euros, mientras que un reproductor Blu-ray puede encontrarse desde 450 euros.

Los discos vírgenes Blu-ray con un capacidad de 25 Gigabytes tienen un precio aproximado de 20 euros, mientras que cuestan un poco más del doble para el formato de 50 Gigabytes.

Una efímera batalla

El pasado 18 de febrero, Toshiba anunció la muerte oficial del formato HD-DVD en una rueda de prensa en Tokio. Con esta declaración, la disputa entre los dos formatos de HD (alta definición) presentes en el mercado se daba por concluida.

Durante los últimos años, HD-DVD liderado por Toshiba y Blu-ray creado por Sony había divido a las empresas de tecnología, industria de Hollywood y grandes distribuidores, quienes se habían posicionado en uno u otro bando a la espera de que el mercado, es decir, los consumidores, decidieran un claro vencedor.

Actualmente la venta de discos en soporte físicos está cayendo en el mercado año tras año, mientras que el consumo de contenidos audiovisuales a través de Internet crece de forma exponencial
Sin embargo, el anuncio realizado en la pasada feria tecnológica del CES de Las Vegas, por el estudio de Hollywood, Warner, de utilizar para sus películas y contenidos audiovisuales únicamente el formato Blu-ray, desencadenó en una serie de anuncios de otras empresas de contenido apoyando este formato.

La puntilla al HD-DVD se la dio a primeros de febrero los grandes almacenes norteamericanos Wal-Mart, quienes anunciaron su intención de vender en sus más de 4.000 tiendas únicamente el formato Blu-ray, tanto en dispositivos de reprodución como en discos de películas y otros contenidos audiovisuales.

Actualmente la venta de discos en soporte físicos está cayendo en el mercado año tras año, mientras que el consumo de contenidos audiovisuales a través de Internet crece de forma exponencial.

Algunos analistas de la industria consideran que el cobro a través de Internet para la visualización de películas en alta definición será una de las opciones más extendidas en detrimento de la reproducción desde formatos físicos una vez que las conexiones de banda ancha FTTH (fibra óptica hasta el hogar) de 100 Megabytes se conviertan en las habituales entre la población.

FUENTE: http://www.consumer.es/web/es/tecnologia/imagen-y-sonido/2008/03/03/174827.php