martes, 17 de junio de 2008

Murió Tony Schwartz, a los 84 años



'Padre' del anuncio de la bomba atómica para Lyndon B. Johnson
Por JULIO VALDEÓN BLANCO El Mundo.es.(NUEVA YORK) Agorafóbico y visionario, cuando Bill Clinton lo contrató para grabar un anuncio tuvo que desplazarse hasta su apartamento. Los políticos hacían cola frente al dintel porque Tony Schwartz (1923-2008), amigo de Marshall McLuhan, pulía almas, maquillaba deseos y dominaba los viscosos resortes de la televisión. Hasta el sábado pasado, en que falleció a 84 años por una dolencia en el corazón.
En primer plano vemos a una niña angelical, un angelote gótico que deshoja una margarita mientras cuenta hasta 10. Justo cuando termina, su voz rubia queda laminada por una explosión nuclear. Escuchamos, punteada por brumas tóxicas, al candidato: «Éstas son las opciones. O crear un mundo en el que todos los hijos de Dios vivan o ir hacia la oscuridad. O amamos al prójimo, o morimos».
Pero ninguno de sus spots tuvo más fuerza que el que rodó para Lyndon B. Johnson a mediados de los 60. ¿Queda claro? Bastante, o al menos eso pensaron los votantes, que elegieron presidente a Johnson frente a su rival, el senador Barry M. Goldwater, aquel vaquero de Arizona que odiaba el 'New Deal' y cabalgó entre saguaros mientras perseguía liberales.
En plena era de paranoia, cuando la Guerra Fría preñaba de mercurio homicida el sueño de los escolares, en una superpotencia obsesionada con la 'Orquesta Roja' que vendría del Este, Schwartz leyó a la perfección la psique nacional. Con la explosión atómica de telón apocalíptico, pasaba a limpio lo que el contribuyente rumiaba cada tarde, educado en el poco esperanzador remedio de esconderse bajo el pupitre cuando sonaran las alarmas y llovieran misiles.

Lo que había surgido como simple edulcorante, la publicidad, pasaba así del grado elemental al refinamiento absoluto. Como explicaba el protagonista, y recuerda el 'New York Times' en un magnífico obituario, más que ofrecer nuevas ideas, el publicitario debía de violar el granero mental del ciudadano.
Pescador de barbos que nadaban ocultos bajo la espuma del subconsciente Schwartz inauguraba la era del anuncio jarrapellejo, a quemarropa, liquidando de paso los días del combate entre caballeros. Merced a su bombazo, la política descubría las virtudes del esputo, la daga y el vómito sobre la pechera del contrincante, aderezado todo en minuto y medio de violín y celofanes.
Schwartz, claro, no se quedó ahí. Aparte de otros anuncios memorables, trabajó en la radio, grabó con un magnetofón los ruidos de Nueva York y colaboró con el mítico Folkways («Era el sello para el que quería trabajar. El que editaba todos los grandes discos», Bob Dylan dixit).
Fue demiurgo, zahorí, mago y cirujano del siglo. Y siempre, siempre, recluido en su casa del Upper West Side, niño superdotado con un periscopio en la pupila, oteador de hongos nucleares, guía secreto del hombre moderno y su adicción a la nicotina televisada.
Hablando de tabaco, por cierto, también dirigió uno de los primeros aldabonazos contra el tabaquismo, contratando para la ocasión a uno de los herederos del imperio Reynolds, pero para hablar de sus méritos como estandarte de la cruzada contra los humos, flujos y bacterias, mejor acudir a la pieza del 'NYTimes', más proclive al asunto que al arriba firmante.Fuente: http://www.elmundo.es/elmundo/2008/06/17/comunicacion/1213713108.html

lunes, 28 de abril de 2008

Quino, El GRANDE


"El que ha leído bien Mafalda sabe perfectamente qué diría ella de Bush y de toda esta gente", dice su creador en una extensa entrevista en exclusiva con Ñ Digital. Además, habla de la actualidad del humor gráfico, de las preguntas repetidas que más lo agobian, de sus obsesiones actuales y hasta de la reciente crítica de la presidenta a su amigo Hermenegildo Sábat.


Por: Guido Carelli Lynch, de Revista Ñ, La Nación (B.A.)

Contestó todo las preguntas posibles sobre la pequeña contestataria, la de las grandes preguntas. Ya dijo y repitió en infinidad de entrevistas –muchísimas posteadas en los recovecos de la Red- que su carácter es un híbrido entre el inseguro Felipe y el soñador Miguelito. Dejó sentado también que el capitalismo –aunque de barrio- a ultranza de Manolito y el fundamentalismo casamentero de Susanita son facetas que desprecia, del mundo y de sí mismo. Sabido es también que todavía hoy comparte con la militante anti-sopa su fanatismo por los Beatles. Declaró también alguna vez que Libertad y Miguelito eran los personajes más prometedores cuando decidió abandonar, después de diez años, la tira de humor político que apareció por primera vez el 29 de septiembre de 1964 en Primera Plana, que fue traducida a 30 idiomas y que "lo acompaña" desde entonces.

Pero 35 años de duelo son suficientes, aunque los lectores renieguen. En esas tres décadas y media, Joaquín Salvador Lavado –Quino, para todos- jamás dejó de trabajar metódicamente sus nueve horas diarias para plasmar mundos tragicómicos, testimonios de éste más lúgubre. Entonces, si ya dijo todo sobre su pasado, vale preguntarle por su actualidad y poco sobre el futuro "ya que es muy cortito", dice, muy cercano a cumplir 78, sin escatimar en realismo ni en humor negro.

El presente, al menos hasta julio cuando volverá a Buenos Aires, lo encuentra entre París, Milán y Barcelona, adonde viajó el último domingo para cerrar el Salón del Cómic, cita obligada de historietistas de todo el mundo.


−¿Este tipo de eventos le sirven para ver más de cerca el estado actual del humor gráfico?

−Supongo que sí, pero hace mucho que no voy. En realidad el cómic no es humor gráfico, es lo que llamamos historieta, pero no me atraen mucho. Bah, en realidad para ser franco no me atraen nada –confiesa entre risas. Nunca los pude seguir, ni siquiera a los clásicos como Corto Maltese. Me gustan los dibujos, pero nunca seguí las historias.

Entonces le repregunto, ¿cómo ve la actualidad del humor gráfico?

Lo veo bastante mal, no digo en vías de extinción porque veo dibujantes nuevos como Tute, pero noto que desde la vuelta de la democracia se empezó a hacer humor político con personajes reales con nombres y apellidos, y se cayó más en ese tipo de sátira política que en el humor gráfico tradicional. No me parece mal tampoco, pero me quedaba con el otro. Estamos desapareciendo en todo el mundo, porque también quedan muy pocos de los dibujantes franceses de humor gráfico, quedan muy pocos, como Sempé.

−¿Y aquí en Argentina?

−Quedamos los más viejitos como el Negro Caloi, Crist y yo. De los nuevos, sacando a Tute que sigue la tradición del viejo, se ha caído más en el costumbrismo. Por el otro lado está Liniers, que reflota algo muy suyo como la historieta norteamericana de los años 30.

−Pensando en la excesiva autorreferencialidad de los humoristas gráficos actuales que premitió la democracia, era Borges quien decía que los recurrentes gobiernos militares lo habían ayudado paradójicamente a escribir mejor, a trabajar más con la elipsis. ¿A usted le pasaba lo mismo?

−Uno se ve obligado a hacerlo, pero prefiero trabajar con total libertad y no tener que estar inventándome caminos para que no se note o no me censuren. Yo empecé a publicar en el año 54 y ya entonces me decían "pibe, chistes sobre militares no, sobre el divorcio no, que atenten contra la familia no, ¿sexo? ni hablar. Toda mi carrera la hice bajo censura. Pero en Argentina siempre fueron los jefes de redacción los que decían "esto mejor no publicarlo ahora". Nunca hubo una cosa tan establecida ni tan clara....


"Las mismas preguntas"


Basta revisar un archivo periodístico, una simple búsqueda por Google para constatar una vez más que las preguntas para este dibujante, antes que nada, están siempre referidas al pasado y son, casi siempre, las mismas, las que fuerzan las respuestas de cassette. "Es muy difícil que me pregunten por el futuro, porque es tan cortito...Hace muchísimos años vi por televisión una entrevista al pianista Vladimir Horovitz que estaba con su mujer -la hija de Arturo Toscanini- que decía 'los periodistas siempre hacen las mismas preguntas, siempre las MISMAS preguntas'. Entonces no es que a mí me hagan siempre las mismas preguntas, se ve que siempre ocurre lo mismo", explica sin contener la carcajada.

−¿Qué es lo que más le molesta que le pregunten?

−Bueno, hay algunas cosas como "¿qué quiso decir cuando dibujó tal cosa?". Y yo pienso, si no se entiende mirando el dibujo quiere decir que soy un fracaso como dibujante. También, cuando me preguntan qué diría hoy Mafalda sobre lo que está pasando. No es que me moleste, pero no tengo la menor idea. Además, lo que tenga que decir hoy, lo hago con mis dibujos actuales. Esas preguntas me parecen fuera de lugar y repetidas. El que ha leído bien Mafalda sabe perfectamente qué diría ella de Bush y de toda esta gente.

−¿Y entonces qué es lo que tiene Quino hoy en la cabeza, qué es lo que lo perturba ahora?

−Me cuesta mucho renovarme en la temática y en el estilo de dibujo y quisiera encontrar una cosa mágica como para lograrlo. No sé si lo voy a encontrar. Ya lo dijo Enrique Pinti: cuando uno es joven cree que tiene 5 mil ideas, luego se da cuenta de que apenas son 50 y que siempre se van modificando, aunque son siempre las mismas. Eso se nota mucho en Woody Allen, por ejemplo. Por eso, tipos como Picasso o Bach eran tan geniales, porque podían componer cosas totalmente distintas todas las semanas.

−En un mundo tan convulsionado, pero con más libertad de expresión que nunca, ¿cómo vivió la polémica y la violencia que desataron las caricaturas danesas sobre Mahoma el último año?

−Lo de mayor libertad es relativo. Después del 11 de septiembre la cosa se achicó muchísimo. Con respecto a lo de Mahoma, me parece que no se puede estar provocando como hicieron los daneses y los holandeses un poco estúpidamente. Si hay una religión que dice no se puede retratar la figura de su profeta, me parece que hay que respetarlo. Hay muchas maneras de atacar todas las limitaciones que pueda tener el Islam sin provocar de esa manera. Eso me parece tonto.

Presente y política

Un tema siempre espinoso para Quino fue prestar o negar la figura de su Mafalda para campañas políticas o de bien público. Así, sin autorización legal ni previa, Guille el hermano de la niña idealista fue la cara de una de las cruzadas políticas del ya casi desaparecido Modin, facción que se encuentra en las antípodas ideológicas de este dibujante hijo de exiliados republicanos españoles. Sin embargo, pese a su habitual renuencia ahora puede verse a Mafalda de vuelta en la vía pública con el sello incluido de la gobernación bonaerense.

−¿Por qué decidió ceder esta vez a Mafalda, para la campaña de promoción de la lectura en la provincia de Buenos Aires?

−Bueno, porque me parece que el motivo va más allá de una ideología política. Creo que promocionar la lectura le va bien a todo el mundo, más allá de lo que pueda ser políticamente el que maneje la campaña.

−¿No le da miedo quedar pegado a campañas que luego puedan demostrarse vacías de contenido, simples eslóganes proselitistas?

−Sí, pero algunos riesgos hay que correr en la vida, tampoco es tan grave.

−Este año se cumplen 40 años del mayo francés, la misma época en la que Mafalda fue traducida al francés. ¿Cómo recuerda esos meses?

−Los recuerdo muy llenos de entusiasmo, porque la gente tenía casi la convicción de que el mundo se podía cambiar para mucho mejor. Había una efervescencia muy mezclada con algo inocente. No en vano las personas que lideraron los movimientos fueron absorbidas por el sistema y terminaron ocupando cargos en gobiernos -no digo conservadores- pero casi que no querían que la cosa cambiara tanto.

Fuente: http://www.revistaenie.clarin.com/notas/2008/04/22/01656077.html

miércoles, 2 de abril de 2008

Jorge Edwards (Chileno) premio Planeta Casamérica

Miércoles 2 de abril de 2008 | Publicado en La Nación (Buenos Aires)

Con una novela en la que revaloriza el género de la poesía y en la que no faltan reflexiones políticas, el escritor chileno Jorge Edwards ganó ayer el premio Planeta Casamérica, dotado de US$ 200.000 y destinado a reconocer la mejor narrativa iberoamericana.

En la instancia final de la decisión de los jurados, que deliberó en Buenos Aires, superó al autor colombiano Fernando Quiroz, representante de una nueva generación de narradores, que resultó finalista y se alzó con un premio de US$ 50.000.

La novela ganadora de Edwards se publicará el 27 de mayo en todo el mercado hispanohablante, con una tirada de 100.000 ejemplares y con el título La casa de Dostoievski . Concursó en el certamen como La ciudad del Pingüino y Edwards adoptó el seudónimo de Juan el Indiano. A su vez, la novela de Quiroz se publicará con el título con que compitió: Justos por pecadores . El autor se presentó como Pepe Buendía, referencia ineludiblemente colombiana.

Edwards, que recibió el premio anoche, dijo que su novela toma el nombre de una casa en proceso de derrumbe, que en los años 50 fue habitada en Santiago de Chile por un grupo de poetas y artistas. "Se la conocía como la casa de Dostoievski y era un lugar mágico. Esta es una novela sobre la poesía, los poetas y las ganas de ser poeta. Y también es un texto generacional relacionado con la política y el amor", expresó.

Al referirse a La casa de Dostoievski , su autor repasó nombres indispensables cuando se habla de poesía latinoamericana: Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Vicente Huidobro, Pablo de Rokha y Enrique Lihn, en quien se inspiró Edwards para construir su personaje central, llamado El Poeta . La novela transcurre entre Chile y Cuba.

Gracioso fue el momento en que intervino el jurado Alvaro Pombo para hablar sobre la novela de Edwards y develó que El Poeta se muere. "Pues como todos", agregó con su hablar alborotado ante la sonrisa general. Gioconda Belli destacó que la mística de los personajes de Edwards le recordaron la rebeldía contestaria de los jóvenes de la pre-rrevolución sandinista.

En una de sus respuestas políticas, Edwards, que además es crítico literario, colaborador de LA NACION y ha tenido una destacada carrera diplomática, expresó su empatía con la presidenta chilena Michelle Bachelet. "Su figura goza de apoyo popular, pero su gobierno no tanto".

Al conocer el nombre del ganador, desde Chile, el poeta chileno Gonzalo Rojas, de 90 años y Premio Cervantes 2003, expresó su alegría porque "Jorge lo merece todo. El es mejor que yo. Es un gran amigo y un escritor de primera línea".

Un libro polémico

Por su parte, Quiroz sale al campo de batalla con una novela que levantará polvareda: Justos por pecadores es una historia sobre el Opus Dei, institución católica a la que el autor definió como "una secta que tiene en el secreto uno de sus grandes valores". La escribió tras abandonar esa organización "en medio de presiones y miedos", con testimonios que le aportaron otros que siguieron sus pasos.

Consultado por LA NACION, dijo que no teme las reacciones del Opus Dei y la Iglesia Católica ya descargadas contra El Código Da Vinci , de Dan Brown, porque "la diferencia es que yo estuve dentro del Opus Dei y, aunque no es una novela autobiográfica, es un retrato hecho con información, datos y vivencias personales. Si hubiera sabido antes lo que aprendí dentro de la secta, no hubiera hecho el colegio en el Opus".

Edwards se presentó al certamen por recomendación de su agencia literaria española, Carmen Balcells. "Me interesó, sobre todo, que es un premio joven y ya estoy en mi tercera o cuarta juventud", dijo con humor.

El jurado estuvo integrado por el escritor español Alvaro Pombo, miembro de la Real Academia Española y Premio Planeta 2006; la nicaragüense Gioconda Belli, reciente ganadora del Premio de Novela Seix Barral; la chilena Marcela Serrano, finalista del Premio Planeta en 2001; Miguel Barroso, director general de Casa de América, e Ignacio Iraola, director editorial de Grupo Planeta en la Argentina.

Se presentaron 557 originales de 22 países y la Argentina encabezó el ranking con 164 trabajos, seguida por España, con 92; Colombia, con 71; México, con 62; Uruguay, con 44, y Estados Unidos, con 30 originales, entre otros. Entre los diez finalistas, la Argentina quedó con uno.

El autor colombiano Fernando Quiroz, junto al escritor chileno Jorge Edwards, ambos finalistas Foto: Miguel Acevedo Riú
Sigue artículo de Susana Reynoso

"Algo empieza a moverse en Cuba"

En su novela, Edwards vuelve a reflexionar sobre el régimen de Castro
Por Susana Reinoso, de de LA NACION

Jorge Edwards se lo toma con calma. Con la misma serenidad que se le observa al cruzarlo, por ejemplo, en una callecita de Cartagena de Indias o de Segovia justo un instante antes de dar una charla en el Hay Festival de Literatura. A los 77 años, dice que sigue la máxima del vate chileno Pablo Neruda respecto de los premios: "Si uno gana, bien y si no gana, no pasa nada". Con el vértigo que vive en "su tercera juventud", hoy partirá Edwards hacia España, para dictar una conferencia en Zaragoza.

La novela cuyo protagonista es El Poeta toma rasgos del chileno Enrique Lihn, fallecido hace 20 años de cáncer. "Es mi poeta", dice Edwards, quien también regresa a Cuba en la novela, pero desde otro lugar. A raíz de su crítica al régimen de Fidel Castro, Edwards se ganó la declaración de persona no grata, que dio título al libro que escribió.

Tras expresar su simpatía con la presidenta chilena, Michelle Bachelet, dijo que el problema de Chile es que tiene "tan bajo perfil que ni siquiera se preguntan si podemos ser un modelo. En cambio, Chávez tiene un altísimo perfil, pero los resultados de su gestión no van en consonancia".

La novela del Cervantes chileno llega hasta mediados de los años 80 y el período de la brutal dictadura de Pinochet aparece como escenario de fondo.

-¿Cómo ve a Cuba hoy?

-Soy moderadamente optimista. No se puede predecir qué ocurrirá, pero algunos gestos de Raúl Castro dan la idea de una voluntad de cambio. Que los cubanos puedan ir a hoteles para extranjeros es un gesto democrático. No sé cuántos cubanos podrían ir a esos hoteles, pero da la idea de racionalizar las cosas. Algo empieza a moverse en Cuba.

-¿Por qué eligió como modelo a Enrique Lihn?

-Porque lo conocí a fondo desde mi adolescencia. Tenía una personalidad compleja, una inclinación notable hacia el arte y era actor. Aquel mundo de los años 50 era fascinante, cómico y trágico. La novela tiene un humor clave y también algo de nostalgia de un Santiago que ya desapareció, donde el espacio de la literatura era muy grande. Todos queríamos ser poetas. Discutíamos mucho sobre arte y poesía.

-Usted es asiduo visitante de Buenos Aires y de otras ciudades. ¿Cuáles encuentra más literarias?

-Todas las ciudades tienen su mitología y su literatura. Buenos Aires es muy literaria. Yo la conocí a través de la obra de Borges. Cuando paso por la casa de la calle Maipú o voy al barrio de Palermo, la vivo como la conocí, desde Borges. Santiago es muy brutal, opresiva y polvorienta, pero también es la ciudad a la que llegó Neruda y la de Huidobro, así como es la ciudad de mis sueños y disparates.

-¿Puede la geografía chilena ser una influencia en la existencia de tan buenos poetas?

-No lo sé. El sur de Chile es muy verde, muy acuático, lleno de animales, y ha dado poetas. Alonso Ercilla, el primer poeta que llegó a Chile, escribió sobre esa región. Y Gabriela Mistral era una poeta del norte seco. Se notaba en su personalidad que era del Norte. Era un personaje más bien amargo, áspero, duro. Yo digo que Neruda era un poeta del agua, y Gabriela Mistral era la poeta de la sed.

-Las dictaduras suelen secar el árbol del pensamiento. ¿Qué tipo de literatura se hace hoy en Chile?

-Hoy se escribe mucho sobre episodios de la dictadura. En esta novela mía hay un capítulo donde se habla del Estadio Nacional, aunque no se menciona a Pinochet. En la nueva narrativa chilena hay mucha novela negra, muchos policiales. A veces hay novela poética, la de Alejandro Zambra, por ejemplo. Roberto Bolaño tuvo una relación con la poesía chilena.

-¿Es usted siempre fiel a usted mismo?

-Sí, pero he incursionado en otros terrenos. Sobre todo en Cuba. En esa Cuba de ficción he encontrado mucho del ron, de la fiesta

-¿La generación que usted cuenta en su novela es una generación fracasada?

-Todas las generaciones se realizan en parte y también fracasan en parte. Esta es una generación parcialmente fracasada, pero que deja testimonios poéticos y literarios interesantes. En esta novela aparece un personaje no nombrado, el Antipoeta, que es inconfundiblemente Nicanor Parra.

El ganador

 Narrador y periodista, nació en 1931 en Santiago, Chile. Abogado y diplomático, fue destinado a París, donde trabajó con Neruda, y a La Habana, durante el gobierno de Salvador Allende.

 Insatalado el gobierno de Pinochet, se radicó en España. En 1973 publicó la novela Persona non grata , una crítica a la Cuba de Fidel Castro.

 A los 21 años publicó El patio , su primer cuento, y luego Gente de la ciudad , Las máscaras , Temas y variaciones . En 1990 escribió Adiós poeta , en homenaje a Pablo Neruda. Otras novelas son El peso de la noche y Los convidados de piedra .

 En 1999 ganó el premio Cervantes de Literatura.

miércoles, 12 de marzo de 2008

“HAY” FESTIVAL DE GALES…LA FIESTA DE LA PALABRA

Por Juan Cruz
Escritor y periodista, adjunto a la dirección del diario El País

Conocí el Hay Festival en Gales, su lugar de nacimiento, hace tres años; el festival
de la palabra ya es tan conocido en España que no es necesario explicarlo,
pero entonces había que explicarlo, porque ocurrían cosas que aquí sorprendían
muchísimo. Por ejemplo, había que pagar por escuchar a los escritores y a los artistas.

Esto aquí era, y es aún, inconcebible. A los escritores no se les paga por
hablar, esa es una tradición hispana, y por tanto tampoco se debe pagar por escucharlos.

Pero en el Hay Festival había que pagar por escuchar; por cierto, no se
les paga por hablar, esa es una convención. Se supone que van allí a crear ambiente
en torno a su obra, y en cierto modo han de pagar por ello.
Hubo algo más que me sorprendió en Hay on Wye, donde acudí por primera
vez a un festival del estilo Hay, pues este festival tiene un estilo definido,
no es cualquier cosa. Me sorprendió cómo se implica en el certamen la gente del
lugar, una pequeña localidad galesa en el borde de Inglaterra y Gales, famosa
porque alberga el mayor número de librerías de viejo por metro cuadrado en todo
el Reino Unido, que es un país de librerías de viejo. A mí me fue a buscar en su
coche, que había puesto a disposición de la organización, un ingeniero mecánico
que durante unos días dejaba su oficio para dedicarse como voluntario al Hay
Festival. El hombre, que estaba totalmente comprometido con la idea de complicar
los libros con sus autores, de escucharlos y de atenderlos, me llevó a una casa
particular, de un empresario galés, que cada año habilitaba unas habitaciones de
su amplísima mansión para que se quedaran allí visitantes ocasionales del Hay;
algunos de mis compañeros de pensión, periodistas o escritores, llevaban yendo
ya varios años, y tenían con los titulares de la casa una relación familiar que es,
por otra parte, el aire de familia que tiene todo el Hay. Y me sacó de Hay, en coche,
un pianista que buscaba trabajo, y mientras lo encontraba prestaba su furgoneta
para que los escritores del Hay fueran y vinieran.

Estuve allí hablando con escritores, con periodistas, conocí a Peter Florence,
el fundador (con su padre) de esta idea imparable de palabras y de ecos, estuve
con Al Gore, que en ese festival inauguró su larga serie de conferencias sobre
el cambio climático, yo mismo moderé algún debate, y me quedé fascinado por la
capacidad de comunicación que en sí mismo tiene este acontecimiento. Todos los
asistentes pagaban su asistencia a los coloquios, éstos eran organizados con una
perfección sistemática que sorprendía, cómo no, a los anárquicos gestores culturales
españoles, como yo mismo, y se respiraba en todas las ocasiones una sensación
de libertad y de respeto, de profesionalidad, que desde entonces añoro en las
manifestaciones similares que organizamos en España.

Cuando volví del Hay Festival traté de vender la idea a los amigos de la
Feria del Libro de Madrid, y algunas cosas similares llegamos a hacer, aunque
todavía la propia idea está en barbecho, pero algún tiempo después los muy eficaces
gestores del Hay —con Cristina Fuentes La Roche a la cabeza, y con Sheila,
y con Peter, y con tanta gente— mantuvieron una idea que entonces se había
presentado en Gales y que el ayuntamiento de Segovia acarició como una manera
de darle a la ciudad (que ahora está a veinte minutos de Madrid) su propio Festival
Hay. Ya ha tenido Segovia dos temporadas de Hay, y ya no hace falta explicar
en ningún sitio (o quizá sí: estoy intentando de vender la idea a mis paisanos
canarios, para hacer allí un Hay también) qué es este festival de la palabra que
ahora ya está instalado como una posibilidad de cambiar de veras la fisonomía
cultural de las manifestaciones de este tipo. El último Hay al que he asistido, de momento, porque dentro de nada hay uno en Granada, en La Alhambra, es el de Colombia, en Cartagena de Indias.

Allí ya se lleva celebrando tres años, y ya está instalado en la hermosísima y suculenta ciudad caribeña como parte de una de sus señas de identidad. El gentío
que acude a cada una de las sesiones desmiente el aplatanamiento caribeño (tópico
que coincide con el del aplatanamiento canario). A una de las sesiones, la que
tuvo como protagonista a Michael Ignatieff, el político y teórico canadiense, acudieronmás de mil personas; más de mil personas fueron a muchas de las actividades, lo extraño es que a una que tenía como objeto escuchar a un académico
hablar de terrorismo de Estado acogiera un número tal de personas que querían escucharle. Y le escucharon (así pasó siempre, en todas las oportunidades) en medio de un silencio extraordinario, hasta que llegó el turno de preguntas, y éstas
se condujeron dentro de un respeto, por las ideas, por las respuestas, por las preguntas ajenas, que a mi me resultó ejemplar.

Hubo muchísimos más encuentros, debates y coloquios; el más multitudinario,
sin duda, fue el que concentró a los fans de Serrat y a los fans de Sabina para escucharles hablar del bolero, conducidos por el periodista colombiano Roberto
Pombo; y otro diálogo muy célebre fue el que tuvo el propio Sabina con el
periodista Julio Villanueva en el mismo escenario, el teatro de Cartagena, donde
en los años 20 del siglo pasado consolidó su fama latinoamericana la gran María
Guerrero.
Pero el Hay Festival no es un encuentro entre cuatro paredes, ni es tan solo
la reunión de un grupo de escritores, periodistas y artistas de otros géneros; es,
sobre todo, un acontecimiento urbano que cambia por unos días, dos o tres días,
la esencia de la ciudad, y al hace bailar al ritmo de la palabra. Es una gran oportunidad para que esa ciudad se ponga en primer plano, y acostumbre a sus habitantes a sentirse en el centro de un debate, a ser parte del debate cultural. En Cartagena florecieron las librerías, los restaurantes y los cines, se crearon foros públicos alternativos, la gente empezó a pensar que estaba en el centro del mundo.

Hubo encuentros de escritores que jamás se habrían encontrado de otro modo, y
fructificaron amistades, e imagino que enemistades, muy creativas. Entre los
acontecimientos que observé, y lo conté en El País, mi periódico, hubo uno que
se me quedó grabado en la retina. Fue la conversación, inaudible para mi, y para
los demás comensales, que sostuvieron el colombiano Héctor Abad Faciolince,
autor del libro El olvido que seremos, y la escocesa (su padre era un político de
Sierra Leona) Aminata Forna; a sus padres los asesinaron, los paramilitares colombianos en el caso del padre de Héctor, y el Gobierno de Sierra Leona al padre
de Aminata.

Aquella conversación silenciada por el ruido ambiente se producía en el marco de una gran seriedad; yo no conocía el caso del padre de Aminata, así que no sabía en aquel instante por qué estaban tan circunspectos y entristrecidos. Cuando ya lo supe, ese encuentro se me quedó como un símbolo de Hay, de lo que es capaz de concitar un encuentro así de mentes, de escrituras y de culturas.
Había muchos españoles, no tantos quizá como tendrían que haber ido, y
había muchos latinoamericanos; había flotando en el aire disociador de todo encuentro literario la convicción de que estábamos asistiendo a algo de importancia
capital, de cuya reiteración generosa depende la vitalidad de nuestra cultura, porque
sólo se hace éste en contacto con las otras, vivificando, gracias al encuentro,
las ideas preconcebidas, y también las ideas nuevas.
Ahora, casi cuatro años después de la primera experiencia, soy un apasionado
del Hay Festival. Acaso porque soy un apasionado de escuchar a aquellos
que no se sienten felices hablando solos.

Madrid, febrero de 2008

Fuente: http://www.fundacioncarolina.es/NR/rdonlyres/6E35CD1A-E44E-4972-B707-DCDA70231866/1910/ArtículoJuanCruz208FC.pdf

miércoles, 5 de marzo de 2008

Blu-ray: el elegido para sustitutir al DVD


Blu-ray se convierte en el formato de disco óptico estándar para la alta definición en un momento clave donde la tendencia apunta hacia el negocio online

Con el abandono por parte de Toshiba de la fabricación del formato HD-DVD, se despeja el camino para la penetración de la alta definición en los hogares mediante el disco de soporte Blu-ray. Tanto este formato como el ya extinto HD-DVD aparecen como la evolución natural del DVD, al ofrecer una mejor resolución y audio de calidad. Las ventajas respecto al formato DVD son evidentes a primera vista al contemplar una película en formato Blu-ray desde una televisión de alta definición. Pero, ¿llega tarde esta propuesta?

Por ANTONIO DELGADO

El formato DVD ofrece una resolución de 720x576 píxeles por pulgada, mientras que la definición alcanzada por Blu-ray es de 1920x1080. Esta última cifra, 1080 píxeles por pulgada, es la considerada como 'Full HD' o alta definición total.

El DVD, con sus 4,7 Gigabytes de almacenamiento, no puede cubrir las expectativas de los equipos de televisión y reproductores actuales, que alcanzan la alta definición total. El Blu-ray, sin embargo, es capaz de almacenar hasta 25 Gigabytes.

Otra de las ventajas del Blu-ray respecto al DVD es la navegación a través de los menús interactivos del disco: con Blu-ray es posible navegar por ellos al mismo tiempo que se visualiza el contenido audiovisual, mientras que en DVD sólo es posible realizar una acción al mismo tiempo.

La tecnología Blu-ray es compatible con los DVD tradicionales y los usuarios pueden seguir disfrutando de sus películas en formato DVD
Además, Blu-ray es compatible con los DVD tradicionales y, por tanto, los usuarios pueden seguir viendo sus películas en formato DVD en los nuevos reproductores Blu-ray. Incluso alguno de estos modelos realiza un escalado del formato DVD a la alta definición, permitiendo visualizar el contenido del disco DVD con mayor nitidez que en los reproductores hasta ahora lanzados al mercado.

Con respecto al audio, Blu-ray incorpora diferentes sistemas de alta fidelidad como Dolby Digital Plus, Dolby True HD, DTS HD, etc.

Descripción física

A primera vista no hay diferencias entre un disco DVD y un Blu-ray, ya que ambos utilizan el mismo tamaño de disco (12 centímetros). Las diferencias están en la tecnología de escritura.

Blu Ray utiliza un láser azul, de ahí su nombre, con una longitud de onda más corta que la utilizada para 'escribir' los DVD, gracias a la cual se almacena una mayor cantidad de información en el mismo espacio, ya que los surcos son más pequeños.

En cuanto al formato físico, Blu-ray puede almacenar datos en las dos caras del disco. Las capacidades son de 25 Gigabytes para un disco grabado por una cara y 50 Gigabytes para un disco grabado por ambas, frente a los 4,7 Gigabytes por cara de un DVD.
Sin embargo, esta capacidad puede que aumente en el futuro. Hitachi presentó el pasado mes de octubre un prototipo de disco Blu-ray capaz de almacenar 100 Gigabytes, compatible con los reproductores Blu-ray que actualmente existen en el mercado.

Formato muy restrictivo

Los sistemas anticopia (DRM) son otro de los aspectos que han evolucionado respecto a los utilizados en el formato DVD, haciéndose más duros y menos amigables al derecho a la copia privada que, presuntamente y según la ley, tiene el usuario.

De hecho, Blu-ray incorpora cinco sistemas anticopia, uno de ellos el AACS, una mejora con respecto al formato CSS utilizado en el DVD.

De todas formas, Blu-ray incorpora un sistema de gestión de copia, denominado MMC. Este sistema permite, en teoría, poder realizar una copia del disco para ser utilizado en otros dispositivos. A pesar de ello, algunos analistas expresan sus temores a que las empresas de contenidos puedan cobrar en algún momento por realizar dicha copia.

No obstante, incluso con estas mejoras en los sistemas anticopia, el sistema AACS ya ha sido roto por algunos hackers y en el mercado existen aplicaciones que permiten desencriptar el contenido y poder realizar una copia privada para uso personal.

Blu-ray puede impedir la reproducción de cualquier contenido en un determinado modelo de aparato grabador al incluirlo en una lista negra que se introducirá en el disco óptico
En este sentido, y a pesar de las ventajas, los detractores desconfían de las bondades de esta nueva tecnología, así como de la política restrictiva respecto a los usos posibles del contenido en este formato.

Blu-ray, entre otras aplicaciones, permite que los propietarios de los derechos puedan revocar las claves de control de contenidos a los dispositivos grabadores de una determinada marca y modelo, impidiendo la reproducción de cualquier contenido en el aparato grabador al incluirlo en una lista negra que se introducirá en el disco óptico.

Otros de los protocolos anticopia que incluye es el denominado BD+. Este sistema permite cambiar de protección criptográfica, para detectar si un dispositivo ha sido modificado para saltarse el DRM. El objetivo es también impedir la reproducción.

Tampoco se podrán grabar contenidos audiovisuales que estén siendo visionados, al incorporar los reproductores y grabadores un software que lo impedirá.

Los usuarios con sistema operativo basado en software libre, como Linux, no podrán usar Blu-ray
Además, Blu-ray incorpora el ICT, un sistema que limita la resolución de salida de vídeo si el cable utilizado del reproductor a la televisión es analógico. De esta manera, la industria se asegura de que se utilizan cables que cierran el paso a posibles copias no autorizadas por ellos.

Por último, al ser una tecnología propietaria, los usuarios con sistema operativo basado en software libre, como Linux, no podrán visualizarlos.

Reproductores actuales

Sin duda, la PlayStation 3 de Sony, se ha convertido en el gran 'caballo de Troya' para la introducción de la tecnología Blu-ray en las casas. Según los últimos datos de la industria, en España el índice de penetración de Blu-ray en los hogares era de un 75% con respecto al ahora extinto HD-DVD y en gran parte gracias a la videocosola.

Algunos fabricantes como Microsoft, que apostó por el formato HD-DVD y lanzó una consola Xbox360 con este formato, ya se plantean el lanzamiento al mercado de una versión de la popular de la consola con Blu-ray.

Un grabador para Blu-ray compatible con la grabación por las dos caras tiene un precio superior a los 1.100 euros
Los grabadores para Blu-ray que actualmente existen en el mercado tienen un precio elevado. Un grabador para Blu-ray compatible con la grabación por las dos caras tiene un precio superior a los 1.100 euros, mientras que un reproductor Blu-ray puede encontrarse desde 450 euros.

Los discos vírgenes Blu-ray con un capacidad de 25 Gigabytes tienen un precio aproximado de 20 euros, mientras que cuestan un poco más del doble para el formato de 50 Gigabytes.

Una efímera batalla

El pasado 18 de febrero, Toshiba anunció la muerte oficial del formato HD-DVD en una rueda de prensa en Tokio. Con esta declaración, la disputa entre los dos formatos de HD (alta definición) presentes en el mercado se daba por concluida.

Durante los últimos años, HD-DVD liderado por Toshiba y Blu-ray creado por Sony había divido a las empresas de tecnología, industria de Hollywood y grandes distribuidores, quienes se habían posicionado en uno u otro bando a la espera de que el mercado, es decir, los consumidores, decidieran un claro vencedor.

Actualmente la venta de discos en soporte físicos está cayendo en el mercado año tras año, mientras que el consumo de contenidos audiovisuales a través de Internet crece de forma exponencial
Sin embargo, el anuncio realizado en la pasada feria tecnológica del CES de Las Vegas, por el estudio de Hollywood, Warner, de utilizar para sus películas y contenidos audiovisuales únicamente el formato Blu-ray, desencadenó en una serie de anuncios de otras empresas de contenido apoyando este formato.

La puntilla al HD-DVD se la dio a primeros de febrero los grandes almacenes norteamericanos Wal-Mart, quienes anunciaron su intención de vender en sus más de 4.000 tiendas únicamente el formato Blu-ray, tanto en dispositivos de reprodución como en discos de películas y otros contenidos audiovisuales.

Actualmente la venta de discos en soporte físicos está cayendo en el mercado año tras año, mientras que el consumo de contenidos audiovisuales a través de Internet crece de forma exponencial.

Algunos analistas de la industria consideran que el cobro a través de Internet para la visualización de películas en alta definición será una de las opciones más extendidas en detrimento de la reproducción desde formatos físicos una vez que las conexiones de banda ancha FTTH (fibra óptica hasta el hogar) de 100 Megabytes se conviertan en las habituales entre la población.

FUENTE: http://www.consumer.es/web/es/tecnologia/imagen-y-sonido/2008/03/03/174827.php

viernes, 29 de febrero de 2008

Deconstruir la actualidad


Entrevista con Jacques Derrida

La siguiente es una entrevista con Jacques Derrida (Passages, n° 57, septiembre de 1993, pp. 60- 75). Palabras recogidas por Stéphane Douailler, Émile Malet, Cristina de Peretti, Brigitte Sohm y Patrice Vermeren. Trad. C. de Peretti. El Ojo Mocho. Revista de Crítica Cultural (Buenos Aires) 5 (Primavera 1994).

Cultural (Buenos Aires) 5 (Primavera 1994).
-A menudo da la impresión –y se trata de una impresión que según hemos comprobado, es compartida tanto en Bogotá y en Santiago de Chile, en Praga y en Sofía, como en Berlín o en París- de que su pensamiento incide en la actualidad. ¿Comparte usted esta sensación? ¿Es usted, si no ya un filósofo del presente, sí al menos un filósofo que piensa su tiempo?
-¿Quién puede estar seguro de hacerlo? Además “incidir en la actualidad” y “pensar su tiempo” no es lo mismo. En ambos casos, habría que hacer algo, algo más, o algo distinto, que comprobar y describir: formar parte, tomar partido y pertenecer. A partir de ahí, se “incide” y, por consiguiente, se transforma, por poco que sea, se “interviene”, como suele decirse, en un tiempo que ni está ante uno ni está dado de antemano. Nunca hay normas preestablecidas para estar seguros de que se “incide en la actualidad” o, por utilizar su expresión, de que se “piensa su tiempo”. En el caso de algunos, lo uno va a menudo sin lo otro. Pero me considero incapaz de improvisar una respuesta para semejantes cuestiones. Es preciso que contemos con el tiempo de la entrevista –y lo tenemos contado. Hoy en día más que nunca, pensar su tiempo, (sobre todo cuando al hacerlo se corre el riesgo o la suerte de la palabra pública) consiste en tomar nota, para ponerlo en práctica, del hecho de que el tiempo de esa misma palabra se produce artificialmente. Es un artefacto. En su mismo acontecer, el tiempo de ese gesto público es calculado, forzado, “formateado”, “inicializado” por un dispositivo mediático (hagamos uso de estas palabras para ir de prisa). Esto merecería un análisis casi infinito. ¿Quién pensaría su tiempo hoy y, sobre todo, quién hablaría de él, les pregunto, si en primer lugar no prestara atención a un espacio público, por lo tanto a un presente político transformado a cada instante, en su estructura y su contenido, por la teletecnología de lo que tan confusamente se denomina información o comunicación.
Su pregunta no nombraba sólo el “presente” sino lo que se denomina la “actualidad”. Permítanme marcar, esquemáticamente, dos de los rasgos más actuales de la “actualidad”. Resultan demasiado abstractos para delimitar lo más propio de mi experiencia o de cualquier otra experiencia filosófica de la susodicha “actualidad” pero designan lo que constituye la actualidad en general. Podríamos arriesgarnos a darles dos apodos compuestos: artefactualidad y actuvirtualidad. El primer rasgo es que la actualidad, precisamente, está hecha: para saber de qué está hecha, no es menos preciso saber que lo está. No está dada sino activamente producida, cribada, utilizada y performativamente interpretada por numerosos dispositivos ficticios o artificiales, jerarquizadores y selectivos, siempre al servicio de fuerzas e intereses que los “sujetos” y los agentes (productores y consumidores de actualidad -a veces también son “filósofos” y siempre intérpretes-) nunca perciben lo suficiente. Por más singular, irreductible, testaruda, dolorosa o trágica que sea la “realidad” a la cual se refiere la “actualidad”, ésta nos llega a través de una hechura ficcional. No es posible analizarla más que al precio de un trabajo de resistencia, de contrainterpretación vigilante, etcétera. Hegel tenía razón al exhortar al filósofo de su tiempo a la lectura cotidiana de los periódicos. Hoy, la misma responsabilidad exige también que sepa cómo se hacen y quién hace los periódicos, los diarios, los semanarios, los noticieros de televisión. Sería preciso que pudiera ver del otro lado, tanto del de las agencias de prensa como del teleprompter.[i] No olvidemos jamás todo el alcance de este indicio: cuando parece que un periodista o un hombre político se dirigen a nosotros, en nuestras casas, mirándonos directamente a los ojos, están leyendo en una pantalla, con el dictado de un “apuntador”, un texto elaborado en otra parte, en otro momento, a veces por otros, incluso toda una red de redactores anónimos.
-Tendría que ser un deber cultivar la crítica sistemática de lo que se denomina la artefactualidad. Usted dice: “sería preciso.
-Si se trata de una cultura crítica, de una especie de educación, pero nunca diré “sería preciso”, nunca hablaré de ese deber tanto del ciudadano como del filósofo, sin añadirle dos o tres precauciones de principio.
La primera concierne a la cosa nacional (por responder en parte a aquello a lo que apuntaba su pregunta, como si, de vuelta del extranjero, hubiera alguna razón para arrancarla de un diario de viaje: “esto es lo que se dice de usted en el extranjero, ¿qué pensar de esta noticia?” Me hubiera gustado comentar ese gesto. Pero dejémoslo). Entre las filtraciones que “informan” la actualidad, y pese a una internacionalización acelerada pero tanto más equívoca, está ese privilegio indesarraigable de lo nacional, lo regional, lo provincial -o de lo occidental-, que sobredetermina todas las otras jerarquías (en primer lugar el deporte, luego el “político” -y no lo político-, después lo “cultural”, por orden de demanda, espectacularidad y legibilidad supuestamente decrecientes). Ese privilegio secundariza una masa de acontecimientos: los que se creen alejados del interés (supuestamente público) y de la proximidad de la nación, la lengua nacional, el código y el estilo nacional. En la información, la “actualidad” es espontáneamente etnocéntrica, excluye lo extranjero, a veces dentro del país, antes de toda pasión, doctrina o declaración nacionalista, y aun cuando esas “actualidades” hablen de los “derechos del hombre”. Algunos periodistas hacen esfuerzos meritorios para escapar a esta ley pero, por definición, nunca se hace lo suficiente, y esto no depende en última instancia de los periodistas profesionales. No hay que olvidarlo, principalmente hoy, cuando viejos nacionalismos asumen formas inéditas con la explotación de las técnicas mediáticas más “avanzadas” (la radiotelevisión oficial de la ex-Yugoslavia no sería sino uno de sus ejemplos sobrecogedores). Dicho sea de paso, algunos creyeron no hace mucho que había que volver a discutir la crítica del etnocentrismo o, si simplificamos mucho su imagen, la deconstrucción del eurocentrismo. Aquí o allá, todavía hoy es de buen tono, como si estuviéramos ciegos a lo que trae la muerte en nombre de la etnia, en el corazón de la misma Europa, una Europa que no tiene hoy otra realidad, otra “actualidad” que la económica y nacional, y cuya sola ley, tanto para las alianzas como para los conflictos, es la del mercado.
Pero la tragedia, como siempre, obedece a la contradicción o la doble postulación: la internacionalización aparente de las fuentes de información se realiza a menudo a partir de una apropiación y concentración de los capitales de información y difusión. Recuerden lo que pasó durante la guerra del Golfo. Que eso haya representado un momento ejemplar de toma de conciencia y, aquí o allá, de rebelión, no debe disimular la generalidad y la constancia de esta violencia en todos los conflictos, en Medio Oriente y otras partes. A veces, también puede imponerse una resistencia “nacional” a esta homogeneización aparentemente internacional. Primera complicación.
Otra precaución: esta artefactualidad internacional, esta monopolización del “efecto de actualidad”, esta apropiación centralizadora de los poderes artefactuales de “crear el acontecimiento” pueden ir a la par con un progreso de la comunicación “en directo” o en tiempo llamado real, en presente. El género teatral de la “entrevista” hace sacrificios, al menos ficticiamente, a esta idolatría de la presencia “inmediata”, en directo. Un diario siempre prefiere publicar una entrevista con un autor fotografiado, más que un artículo que asuma la responsabilidad de la lectura, la evaluación, la pedagogía. Entonces, ¿cómo hacer para no privarse de los nuevos recursos de la emisión en directo (videocámara, etcétera), al mismo tiempo que se siguen criticando sus mistificaciones? Y en primer lugar, mientras se sigue recordando y demostrando que el “directo” y el “tiempo real” nunca son puros: no nos entregan ni intuición ni transparencia, ninguna percepción despojada de interpretación o intervención técnica. Una demostración semejante apela ya, por sí misma, a la filosofía.
En definitiva -lo sugería demasiado a la ligera hace un instante-, la deconstrucción necesaria de esta artefactualidad no debe servir de coartada. No tendría que ceder a un afán de emulación en el simulacro y neutralizar toda amenaza en lo que podría llamarse el embuste del embuste, la denegación del acontecimiento: “Todo -se diría entonces-, y aun la violencia; el sufrimiento, y la guerra y la muerte, todo está construido, ficcionalizado, constituido por y con vistas a los dispositivos mediáticos, nada sucede, no hay más que simulacro y embuste”. Al llevar lo más lejos posible una deconstrucción de la artefactualidad, hay que hacer, por lo tanto, todo lo que esté a nuestro alcance para prevenirse de ese neoidealismo crítico y recordar no sólo que una deconstrucción consecuente es un pensamiento de la singularidad, por ende del acontecimiento, de lo que conserva de irreductible, sino también que la “información” es un proceso contradictorio y heterogéneo; puede y debe transformarse, puede y debe servir, como lo hizo a menudo, al saber, la verdad y la causa de la democracia venidera, como a todas las cuestiones que entrañan. Por más artificial y manipuladora que sea, no puede no esperarse que la artefactualidad se rinda o se pliegue a la venida de lo que viene, al acontecimiento que la transporta y hacia el cual se transporta. Y del que aportará testimonio, aunque sea en defensa propia.
-Hace un momento, propuso otro apodo que hacia referencia no ya a la técnica ni al artificio sino a la virtualidad.
-Si tuviéramos tiempo para ello, yo insistiría sobre otro rasgo de la “actualidad”, de lo que sucede hoy y de lo que le sucede hoy a la actualidad. Insistiría no sólo en la síntesis artificial (imagen sintética, voz sintética, todos los complementos protéticos que pueden hacer las veces de actualidad real) sino, en primer lugar, sobre un concepto de virtualidad (imagen virtual, espacio virtual y por lo tanto acontecimiento virtual) que sin duda no puede ya oponerse, con toda serenidad filosófica, a la realidad actual, como no hace mucho se distinguía entre la potencia y el acto, la dynamis y la energeia, la potencialidad de una materia y la forma definidora de un telos, y en consecuencia también de un progreso, etcétera. Esta virtualidad se imprime directamente sobre la estructura del acontecimiento producido, afecta tanto el tiempo como el espacio de la imagen, el discurso, la “información”; en suma, de todo lo que nos refiere a la mencionada realidad, a la realidad implacable de su presente supuesto. Entre otras cosas, un filósofo que “piensa su tiempo” debe estar hoy atento a las implicaciones y consecuencias de ese tiempo virtual. A las novedades de su puesta en marcha técnica, pero también a lo que lo inédito recuerda de posibilidades tanto más antiguas.
-¿Podemos de nuevo proponerle que vuelva a una actualidad más concreta?
-Quizá piensen que, desde hace un rato, estoy derivando o desviándome de su pregunta. No contesto a ella de modo directo. Algunos dirán: está perdiendo el tiempo, el suyo, el nuestro. O bien, está ganando tiempo, retrasa el momento de contestar. Lo último que puede aceptarse hoy en televisión, en la radio o en los diarios, es que en ellos algunos intelectuales se tomen su tiempo, o pierdan el tiempo de los otros. Esto es, tal vez, lo que habría que cambiar en la actualidad: el ritmo. Se supone que los profesionales de los medios no pierden nada de tiempo. Ni del suyo ni del nuestro. Cosa que, al menos, están seguros de lograr con frecuencia. Conocen el costo, si no el valor del tiempo. Antes de denunciar el silencio de los intelectuales, como se hace habitualmente, ¿por qué no interrogarse sobre esta nueva situación mediática? ¿Y sobre los efectos de una diferencia de ritmo? Ésta puede reducir al silencio a ciertos intelectuales (los que necesitan un poco más de tiempo para los análisis necesarios y no aceptan adaptar la complejidad de las cosas a las condiciones que se les imponen para hablar de ellas), puede hacerlos callar o hacer que sus voces queden ocultas bajo el ruido de algunos otros, al menos en los lugares donde dominan ciertos ritmos y ciertas formas de habla. Ese otro tiempo, el tiempo de los medios, produce sobre todo otra distribución, otros espacios, ritmos, relevos, formas de toma de la palabra e intervención pública. Lo que es invisible, ilegible, inaudible en la pantalla de la mayor exposición puede ser activo y eficaz, de inmediato o en último término, y no desaparecer más que a los ojos de quienes confunden la actualidad con lo que ven o creen hacer en la vidriera de “gran superficie”. En todo caso, esta transformación del espacio público obliga a trabajar, y el trabajo se realiza, creo, se lo percibe más o menos bien en los lugares donde se lo suele esperar demasiado. El silencio de quienes leen, escuchan o ven los noticieros, y también los analizan, no es tan silencioso como parece precisamente del lado en que esos espacios de noticias parecen o se vuelven sordos o ensordecen todo lo que no habla según su ley. Por ello, habría que invertir la perspectiva: cierto ruido mediático con respecto a una pseudoactualidad cae como el silencio, hace silencio sobre todo lo que habla y actúa. Y se escucha en otra parte o por otra parte, si se sabe prestar oídos. Es la ley del tiempo, terrible para el presente y que siempre hace esperar y hasta contar con lo intempestivo. Habría que hablar aquí de los límites efectivos del derecho a réplica (por lo tanto, a la democracia): antes que a toda censura deliberada, obedecen a la apropiación del tiempo y el espacio público, a su ordenamiento técnico por quienes ejercen el poder mediático.
De todas formas, si me permito esta pausa o esta pose,[ii] una manera como otras, pues son maneras, sí, de pensar nuestro tiempo, será en la medida en que, en efecto, intento responder de todas las maneras posibles: responder a vuestras preguntas al responder a una entrevista. Para asumir esta responsabilidad, hay que saber al menos a qué y a quién se destina una entrevista, en particular con alguien que además escribe libros, enseña o publica en otra parte, a otro ritmo, en otras situaciones, calculando de otra manera sus frases. Una entrevista debe procurar una instantánea, como una fotografía de película, una imagen detenida: he aquí cómo alguien, tal día, en tal lugar, con tales interlocutores, se debate como un animal en una situación difícil. Éste, por ejemplo, cuando se le habla de actualidad, de lo que pasa todos los días en el mundo, y si se le pide que diga en dos palabras lo que piensa, resulta que retrocede hacia su guarida, como un animal perseguido, multiplica los ardides, nos arrastra a un laberinto de precauciones, de dilaciones y relevos, y nos repite con todos los tonos: “esperen, no es tan simple” (lo que siempre inquieta o hace reír burlonamente a los imbéciles, para quienes las cosas siempre son más simples de lo que se cree), o si no: “uno a veces complica para evitar, pero la simplificación es una estrategia de evitación aún más segura”. Tenemos por lo tanto una fotografía virtual: ante una pregunta como la que ustedes me hicieron, he aquí mi gesto más probable. No es ni puramente espontáneo ni absolutamente calculado. Consiste en no negarse a responder una pregunta o a alguien, pero para eso mismo intentar respetar, lo más posible, sus condiciones indirectas o sus desvíos invisibles.
Por ejemplo, ustedes han distinguido entre “filósofo del presente” y “filósofo que piensa su tiempo”. Y en su opinión, yo me parecería más a éste que a aquel. Eso puede entenderse de varias maneras. Tal filósofo puede ocuparse del presente, de lo que se presenta en el día presente, de lo que sucede actualmente, sin preguntarse, hasta el abismo, qué significa, presupone u oculta ese valor de presencia. ¿Será un filósofo del presente? Sí, pero no. Otro puede hacer lo contrario: hundirse en la meditación sobre la presencia o la presentación del presente sin prestar la menor atención a lo que sucede en el día presente en el mundo o a su alrededor. ¿Será un filósofo del presente? No, pero sí. Sin embargo, estoy seguro de que ningún filósofo digno de ese nombre aceptaría esta alternativa. Como cualquiera que trate de ser filósofo, está claro que yo no querría renunciar ni al presente ni a pensar la presencia del presente -ni a la experiencia que nos los sustrae al dárnoslos-. Por ejemplo, en lo que hace un momento llamábamos la artefactualidad. ¿Cómo enfocar ese tema de la presencia y el presente? ¿En qué condiciones interrogarse al respecto? ¿Qué enlazan esas preguntas? ¿Este lazo no es, en el fondo, la ley que gobernaría, directa o indirectamente, todo? Trato de someterme a ella. Por definición, esa ley es inaccesible, permanece más allá de todo.
Pero esa es otra manera más –dirán ustedes- de evadirse y de no hablar de lo que ustedes, por su lado, llaman el presente o la actualidad. Por consiguiente, la primera pregunta, aquella que les había devuelto, como un eco sería: ¿Qué quiere decir hablar del presente? Desde luego, sería fácil mostrar que, en efecto, no me ocupé más que de problemas de actualidad, de política institucional o de política a secas. Se multiplicarían entonces los ejemplos, las referencias, los nombres, las fechas, los lugares, etcétera. Pero no quiero ceder a esta facilidad mediagógica y aprovechar esta tribuna para entregarme a alguna autojustificación. No considero tener ningún derecho para ello y haga lo que haga, al respecto, para no huir de las responsabilidades políticas, eso nunca es bastante, siempre me reprocharé no hacer nunca bastante.
Pero también trato de no olvidar que a menudo son los enfoques intempestivos de lo que se denomina actualidad los que más se “ocupan” del presente. Dicho de otra manera, ocuparse del presente, en filosofía por ejemplo, es tal vez no confundir constantemente el presente y la actualidad. Hay una manera anacrónica de abordar esta última que no deja escapar necesariamente lo que hay hoy de más presente. La dificultad, el riesgo o la posibilidad, lo incalculable, quizás, tendría la forma de una intempestividad que llega a tiempo: ésta y no otra, la que llega justo a tiempo?, justo porque es anacrónica y está desajustada (como la justicia que siempre carece de mesura, extraña a la justeza o a la norma de adaptación, heterogénea al derecho mismo al que debería regir), más presente que el presente de actualidad, más de acuerdo con la singular desmesura que marca la fractura del otro en el transcurso de la historia. Esta fractura tiene siempre una forma intempestiva, profética o mesiánica, y no necesita para ello ni de clamor ni de espectáculo. Puede mantenerse casi inaparente. Por las razones de que hablábamos hace un momento, no es en los diarios donde más se habla de ese pluscuampresente del hoy. Lo que no quiere decir que eso suceda todos los días en los mensuarios o semanarios.
La respuesta, una respuesta responsable a la urgencia de la actualidad exige estas precauciones. Exige el desacuerdo, lo desacordado o discordante de esta intempestividad, el justo desajuste de esta anacronía. Hay que diferir, alejarse, demorarse y precipitar, a la vez. Hay que hacerlo como es debido para acercarse lo más posible a lo que pasa a través de la actualidad. A la vez cada vez, cada vez que es otra vez, la primera y la última. En todo caso, me gustan los gestos (tan raros, sin duda incluso imposibles, en todo caso no programables) que alían en ellos lo hiperactual a lo anacrónico. Y preferir la alianza o la aleación de esos estilos no podría ser únicamente una cuestión de gustos. Es la ley de la respuesta o la responsabilidad, la ley del otro.
-¿Qué relación vería usted entre esa anacronía o esa intempestividad y lo que denomina, escribiéndola con una a, la différance?
-Esto vuelve a conducirnos, tal vez, a un orden más filosófico de la respuesta, aquel por el cual comenzamos, al hablar de la temática del presente o la presencia, es decir, también del tema de la différance al que a menudo se acusó de favorecer la dilación, la neutralización, el suspenso, y por consiguiente relajar demasiado la urgencia del presente, en particular su urgencia ética o política. Nunca advertí oposición entre la urgencia y la différance. ¿Me atreveré a decir al contrario? Sería simplificar una vez más. “Al mismo tiempo” que marca una relación (una ferencia) -una relación con lo que es otro, con lo que difiere en el sentido de la alteridad, por lo tanto con la alteridad, con la singularidad del otro-, la différance remite también, y por eso mismo, a lo que viene, lo que llega de manera a la vez inapropiable, inopinada, y por lo tanto urgente, imprevisible: la precipitación misma. El pensamiento de la différance es entonces también un pensamiento de la urgencia, de lo que no puedo ni eludir ni apropiarme, porque es otro. El acontecimiento, la singularidad del acontecimiento: ésa es la cosa de la différance. (Es por eso que recién decía que significa muy otra cosa que esa neutralización del acontecimiento con el pretexto de que es artefactualizado por los medios.) Aun si ella también lleva consigo, inevitablemente, “al mismo tiempo” (ese “a la vez”, ese “mismo tiempo” de lo que lo mismo se destempla todo el tiempo, un tiempo out of joint, un tiempo descompuesto, dislocado, desordenado, desproporcionado, como dice Hamlet), un movimiento contrario para reapropiar, desviar, aflojar, para amortiguar la crueldad del acontecimiento y muy simplemente la muerte a la que se entrega. Por lo tanto la différance es un pensamiento que intenta entregarse a la inminencia de lo que viene o va a venir, del acontecimiento, por ende a la experiencia misma, en tanto que ésta tiende también inevitablemente, “al mismo tiempo”, con vistas al “mismo tiempo”, a apropiarse de lo que sucede: economía y aneconomía del otro a la vez. No habría différance sin la urgencia, la inminencia, la precipitación, lo ineluctable, la llegada imprevisible del otro en quien recaen la referencia y la deferencia.
-Con relación a esto, ¿qué sentido tiene, para usted, hablar de acontecimiento?
-Es otro nombre para lo que, en lo que llega, no se llega a reducir ni a negar (o sólo a negar).[iii] Es otro nombre para la experiencia misma que es siempre la experiencia del otro. El acontecimiento no se deja subsumir en ningún otro concepto, ni siquiera el de ser. El “hay” o el “que haya algo y no más bien nada” compete tal vez a la experiencia del acontecimiento más que a un pensamiento del ser. La llegada del acontecimiento es lo que no puede ni debe impedirse nunca, otro nombre del futuro mismo. No es que sea bueno, bueno en sí, que suceda todo o cualquier cosa; no es que haya que renunciar a impedir que ciertas cosas se produzcan (no habría entonces ninguna decisión, ninguna responsabilidad, ética, política u otra), pero uno no se opone jamás sino a acontecimientos de los que se piensa que obstruyen el porvenir o traen la muerte consigo, acontecimientos que ponen fin a la posibilidad del acontecimiento, a la apertura afirmativa para la venida del otro. Es en ese punto donde un pensamiento del acontecimiento abre siempre cierto espacio mesiánico, tan abstracto, formal y desértico, tan poco “religioso” como debe serlo, y es también en ese punto donde esta pertenencia mesiánica no se separa de la justicia, que distingo aquí una vez más del derecho (como propongo hacerlo en Force de loi y Spectres de Marx,[iv] de los que en el fondo es la primera afirmación). Si el acontecimiento es lo que viene, adviene, sobreviene, no basta decir que ese venir no “es”, que no viene a ser lo mismo que alguna categoría del ser. El sustantivo (la venida) o el verbo sustantivado (el venir) no agotan tampoco el “ven” del que vienen. A menudo intenté, en otros lugares, analizar esta especie de apóstrofe performativo, este llamado que no se pliega al ser de nada de lo que es. Dirigido al otro, no dice todavía, simplemente, ni el deseo, ni la orden, ni la súplica, ni la demanda, que anuncia, es cierto, y después puede hacer posibles. Hay que pensar el acontecimiento a partir del “ven”, no a la inversa. “Ven” se dice al otro, a otros a los que aún no se estableció como personas, como sujetos, como iguales (al menos en el sentido de la igualdad calculable). Es con la condición de ese “ven” que hay experiencia del venir, del acontecimiento, de lo que llega y por consiguiente de lo que, porque llega del otro, no es previsible. Ni siquiera hay horizonte de expectativa para ese mesiánico anterior al mesianismo. Si lo hubiera, si hubiera previsión, programación, no habría ni acontecimiento, ni historia (hipótesis que, paradójicamente, y por las mismas razones, jamás puede excluirse con toda racionalidad: es casi imposible pensar la ausencia de un horizonte de expectativa). Para que haya acontecimiento e historia, es preciso por lo tanto que un “ven” se abra y se dirija a alguien, a algún otro que no puedo ni debo determinar de antemano, ni como sujeto, yo, conciencia, ni como animal, dios o persona, hombre o mujer, vivo o no vivo (se debe poder llamar a un espectro, apelar a él, por ejemplo, y creo que no es éste un ejemplo entre otros: tal vez haya un aparecido y un “vuelve” en el origen o el fin de todo “ven”).[v] Aquel, aquella, quienquiera sea a quien se dice “ven”, no debe dejar determinarse por anticipado. Para esta hospitalidad absoluta, es el extranjero, el recién venido. No tengo que pedir al recién venido absoluto que comience por dar su identidad, por decirme quién es, en qué condiciones voy a ofrecerle hospitalidad, si va a integrarse o no, si voy a poder “asimilarlo” o no a la familia, la nación o el Estado. Si es un recién venido absoluto, no debo proponerle ningún contrato ni imponerle ninguna condición. No debo hacerlo y además, por definición, no puedo. Es por eso que lo que se parece aquí a una moral de la hospitalidad va mucho más allá de una moral, y sobre todo de un derecho y una política. El nacimiento, que se parece a lo que intento describir, tal vez ni siquiera sea adecuado, de hecho, a este arribo absoluto. En las familias, aquél es preparado, condicionado, nombrado, colocado en un espacio simbólico que amortigua el arribo. Lo cierto es que, pese a esas previsiones y nominaciones, el acaso no se deja reducir, el niño que llega sigue siendo imprevisible, habla de sí mismo como en el origen de otro mundo, o en otro origen de este mundo.
Lucho desde hace tiempo con este concepto imposible, el arribo mesiánico. Trato de precisar al menos su protocolo en Apories [vi] y Spectres de Marx. Lo más difícil es justificar, por lo menos provisoria, pedagógicamente, ese atributo “mesiánico”: se trata de una experiencia a priori mesiánica, pero a priori expuesta, en su expectativa misma, a lo que no será determinado sino a posteriori por el acontecimiento. Desierto en el desierto (uno que hace señas al otro), desierto de un mesiánico sin mesianismo, por lo tanto sin doctrina y sin dogma religioso, esta expectativa árida y privada de horizonte no conserva de los grandes mesianismos del Libro más que la relación con el recién venido que puede venir -o no venir jamás- pero del que por definición no debo saber nada por anticipado. Salvo que se trate de la justicia, en el sentido más enigmático de esta palabra. Y por eso mismo de la revolución, a causa de lo que liga el acontecimiento y la justicia a ese desgarramiento absoluto en la concatenación previsible del tiempo histórico. Desgarramiento de la escatología en la teleología que hay que disociar aquí de ella, lo que siempre es difícil. Se puede renunciar a cierta imaginería o a toda retórica revolucionaria, incluso a cierta política de la revolución, por decirlo así, tal vez a toda política de la revolución; no se puede renunciar a la revolución sin renunciar al acontecimiento y la justicia.
El acontecimiento no se reduce al hecho de que algo acontezca. Esta tarde puede llover o no llover, y eso no será un acontecimiento absoluto porque sé qué es la lluvia, al menos si y en la medida en que lo sé, y además no es una singularidad absolutamente otra. Lo que llega con ello no es un recién llegado. El recién llegado debe ser absolutamente otro, un otro que espero no esperar, que no espero, cuya espera está hecha de una no espera, una espera sin lo que en filosofía se llama horizonte de expectativa, cuando cierto saber anticipa aún y amortigua de antemano. Si estoy seguro de que habrá acontecimiento, no será un acontecimiento. Será alguien con quien tengo una cita, tal vez el Mesías, tal vez un amigo, pero si sé que llega, y estoy seguro de que llegará, en esa medida al menos no será un recién llegado. Pero desde luego la llegada de alguien que espero también puede, por tal o cual otro lado, sorprenderme cada vez como una oportunidad inaudita, siempre nueva, y por lo tanto sucederme una y otra vez. Discretamente, en secreto. Y el recién llegado siempre puede no llegar, como Elías. Es en el hueco siempre abierto de esta posibilidad, a saber, la no venida, la inconveniencia absoluta, que me relaciono con el acontecimiento: éste también es lo que siempre puede no tener lugar.
-¿Es decir que para que haya acontecimiento es preciso que haya sorpresa?
-Si, eso mismo
-Por tomar un ejemplo reciente, ¿le ha sorprendido que haya habido esa mezcolanza que de pronto se ha descubierto entre la extrema derecha y un pensamiento de izquierda?
-¡Vuelta brutal a una “cuestión de actualidad”! Tienen razón, teniendo en cuenta lo que acabamos de decir, es preciso no eludirla. La “mezcolanza” de la que hablan es complicada, pero quizá menos improbable de lo que parece a primera vista. Habría que avanzar con cautela, es difícil hacerlo improvisando, y tener en cuenta un gran número de rasgos de datos (¿qué extrema derecha, qué “pensamiento de izquierda”, etc., qué “mezcolanza”, quién, dónde y cuándo, dentro de que limites?, etc.) Antes de considerar algunos gestos singulares y atípicos, siempre los más interesantes y más innovadores, aquí como en todas partes, podemos recordar ciertas cadenas de inteligibilidad general, ciertos programas o ciertas lógicas que no sorprenden: no es la primera vez que posiciones de extrema derecha pueden, en ciertos temas aliarse con posiciones de extrema izquierda. A partir de motivaciones o de análisis distintos, cierta oposición a Europa puede alentar estrategias con aire nacionalista, tanto en la izquierda como en la derecha. A partir de inquietudes que pueden considerarse legítimas con respecto al economicismo o simplemente a la política económica, incluso monetaria, y hasta a la política a secas en la que están embarcados los Estados que dominan Europa, cierta izquierda puede encontrarse repentinamente en posiciones de alianza objetiva con un nacionalismo o un antieuropeísmo de extrema derecha. En este momento, Le Pen insiste en su oposición al “librecambismo” o al “liberalismo económico”. Esta retórica oportunista puede hacer su “aliado objetivo”, como se decía no hace mucho, de quienes, a la izquierda y con otras motivaciones, critican una ortodoxia capitalista y monetarista en la que se hunde Europa. Sólo la vigilancia y la claridad de los actos, así como la de los discursos, pueden disolver tales amalgamas, resolverlas al análisis. El riesgo es constante, más grave que nunca y a veces “objetivamente” irreductible: en el momento de votar, por ejemplo. Aun si se agudizan las distinciones y los clivajes, como siempre hay que intentar hacerlo, en los análisis, en los considerandos, en todo lo que se emparenta con una “explicación del voto”, y por último en los lugares de publicación, manifestación y acción, en oportunidad de una coyuntura electoral dada (¿y dada por quién, cómo, exactamente?), los votos antieuropeos de izquierda y derecha se suman. Los votos proeuropeos de derecha e izquierda también, por otra parte. Del mismo modo, ustedes saben que hubo revisionismos de izquierda (aclaro, como siempre hay que hacerlo: los revisionismos negacionistas con respecto a la Shoah) que se deslizaron hacia el antisemitismo (a menos que se hayan inspirado en él). Algunos de ellos se alimentaban, de manera más o menos confusa, de un antiisraelismo de principio o, más estrechamente aún, de un rechazo de la política de hecho del Estado de Israel durante una muy larga secuencia, incluso a lo largo de toda la historia de Israel. ¿Resistirían esas confusiones un análisis honesto y valeroso? Es preciso ser capaz de oponerse a tal o cual política de tal o cual gobierno del Estado de Israel sin hostilidad de principio a la existencia de ese Estado (yo diría, incluso: ¡al contrario!), y sin antisemitismo ni antisionismo. Iría aún más lejos con otra hipótesis: llegar a interrogarse con inquietud acerca de la fundación histórica de ese mismo Estado, sus condiciones y lo que siguió, puede no implicar, aun por parte de algunos judíos, aunque sean adeptos a la idea del sionismo, ninguna traición al judaísmo. La lógica de la oposición al Estado de Israel o a su política de hecho no entraña con toda necesidad ningún antisemitismo, ni siquiera ningún antisionismo, y sobre todo ningún revisionismo, en el sentido en que lo especificaba hace un momento. Podrían mencionarse ejemplos muy grandes (así Buber, para hablar en pasado). Para limitarnos a los principios y las generalidades, ¿no creen que el deber, hoy, exige denunciar la confusión y cuidarse de ambos lados? Están, por una parte, la confusión nacionalista de quienes se deslizan de izquierda a derecha confundiendo todo proyecto europeo con el hecho de la política actual de la Comunidad Europea de hoy, o la confusión antijudía de quienes no reconocen la frontera entre la crítica al Estado israelí y el antiisraelismo, y luego el antisionismo, el antisemitismo, el revisionismo, etcétera. Aquí tenemos cinco posibilidades que deben seguir siendo absolutamente distintas. Esos deslizamientos metonímicos son tanto más graves, política, intelectual, filosóficamente, porque amenazan entonces desde los dos lados, por decirlo de algún modo, tanto a quienes ceden a ellos en la práctica como a quienes, por otra parte, los denuncian con la adopción simétrica de su lógica: como si no se pudiera hacer esto sin hacer aquello, por ejemplo oponerse a la política actual de Europa sin ser antieuropeo por principio, o como si no fuera posible interrogarse sobre el Estado de Israel, su política pasada o presente, y hasta sobre las condiciones de su fundación y lo que pudo derivarse de ella durante medio siglo, sin ser pese a ello antisemita y ni siquiera antisionista o revisionista negacionista, etcétera. Esta simetría de los adversarios une la confusión oscurantista al terrorismo. Hacen falta obstinación y valor para resistir esas estrategias ocultas (ocultadoras, ocultistas) de la amalgama. Para hacer frente a esta doble maniobra de la intimidación, la única respuesta responsable es no renunciar nunca a las distinciones y los análisis. Yo diría: a sus Luces, es decir, también a la manifestación publica de ese discernimiento (y no es tan fácil como podría creerse). Esta resistencia es tanto más urgente por el hecho de que nos encontramos en una fase en que el nuevo trabajo de elaboración crítica de la historia de este siglo está condenado a una peligrosa turbulencia. Habrá que releer bien, reinterpretar, exhumar archivos, desplazar las perspectivas, etcétera. ¿Adónde iremos si toda crítica política y toda reinterpretación histórica resultan asociadas automáticamente al revisionismo negacionista? ¿Si toda pregunta sobre el pasado o más generalmente sobre la constitución de la verdad en historia es acusada de hacerle el juego al revisionismo (en Spectres de Marx cito un ejemplo particularmente chocante de esta necedad represiva en un gran diario estadounidense)? ¡Qué victoria para todos los dogmatismos si a cada momento se levanta un fiscal para acusar de complicidad con el adversario a quienquiera intente plantear nuevas preguntas, perturbar las buenas conciencias o los estereotipos, complicar o reelaborar, en una nueva situación, el discurso de izquierda o el análisis del racismo o el antisemitismo! Desde luego, para dar el menor asidero posible a esos procesos, hay que redoblar la prudencia en el discurso, el análisis y la intervención pública. Es cierto que jamás se promete, y menos aún se da, ninguna seguridad absoluta. Algunos ejemplos recientes podrían además servirnos de lección, si fuera necesario.
Vuelvo a la literalidad de su pregunta: “¿Le ha sorprendido, se preguntaban, semejante mezcolanza?” No he propuesto más que una respuesta general y de principio: éstos son los esquemas de inteligibilidad, éstos los programas que hacen que dicha mezcolanza sorprenda menos de lo que podría parecer a primara vista, pero he ahí por qué, sin embargo, no hay que mezclarlo todo. En lo que concierne a los casos singulares los más interesantes, necesitaríamos más tiempo y otra situación para analizarlos. Este es el lugar de las “sorpresas” y de los contratiempos. Entre las lógicas más generales (la mayor previsibilidad) y las singularidades más impredecibles, está el esquema intermedio del ritmo. Por ejemplo, desde los años cincuenta lo que desacreditaba y condenaba al hundimiento a los totalitarismos de Europa del este se conocía, era el pan cotidiano de la gente de mi generación (con el viejo discurso, hoy remendado, del tipo “Fukuyama”, sobre el presunto “fin de la historia”, el “fin del hombre”, etcétera). Lo que seguía siendo imprevisible eran el ritmo, la velocidad, la fecha: por ejemplo la de la caída del muro de Berlín. En 1986-1987, nadie en el mundo podía tener una idea siquiera aproximada. No es que ese ritmo fuera ininteligible. Es posible analizarlo a posteriori si se tienen en cuenta nuevas causalidades que hasta no hace mucho escapaban a los expertos (en primer lugar por el efecto geopolítico de las teleúcomunicaciones en general: toda la secuencia en que se inscribe una señal tal como, por ejemplo, la caída del muro de Berlín, sería imposible e ininteligible sin una cierta densidad de la red de telecomunicaciones, etcétera).
Tomado de: TuRemanso Filosófico; turemanso.com.ar

La primera noche de mi vida



Umberto Eco
traducción: Fernando Acevedo


Antes de las fiestas estaba en Galicia, sea por razones diversas, bastante laicas, en peregrinaje (como mis antepasados de los siglos medievales) a Santiago de Compostela. Cerca de Santiago está La Coruña, y en La Coruña hay un museo, bastante reciente, de la ciencia y la tecnología. Me habían invitado ya antes porque, decían, allá hay un Péndulo de Foucault, objeto al cual tiempo atrás había dedicado un escrito mío. El motivo no me había convencido, porque los péndulos de Foucault tienen una curiosa característica: los hay en todos los museos del mundo, pero cada uno cree que es el único que lo tiene.
Breve, terminé por ir, porque había sido el Congreso de la Asociación Española de Semiótica; vi el péndulo, debo admitir que es más bello y sugestivo que los otros, está dotado de un aparato didáctico inteligente, pero sobre todo es absolutamente inteligente (de una inteligencia de vanguardia que lo convierte en juguete apasionante, aunque sea especialmente dedicado a los niños) todo el museo. Estuve jugueteando con dioramas y artificios semimóviles inventados o reconstruidos por el genial director Moncho Núñez, y después fui invitado al planetario.
Los planetarios son siempre lugares sugestivos, porque cuando se apaga la luz se tiene de verdad la impresión de estar sentado en un desierto, bajo el cielo estrellado; pero aquella noche me había sido reservado algo extra. Sepan antes que nada que la astronomía es una ciencia rigurosa, y es posible saber cómo era el cielo bajo el cual meditaba Napoleón la última noche pasada en Santa Elena, o aquello que esplenderá sobre las cabezas de los bisnietos de nuestros bisnietos en una noche dada de los dos mil (o al menos la astronomía lo sabe, y si nosotros después mandaremos la tierra al carajo y no hay bisnietos la astronomía no tiene la culpa). Es más, existen disquitos que pueden meter en su computadora y ordenar al programa que les haga ver el cielo de una noche a su elección sobre el meridiano y el paralelo que ustedes quieran. Pero naturalmente en la computadora ven ustedes puntitos, mientras que en un planetario es otra cosa.
Así pues en cierto momento, hecha la oscuridad completa, se difundió una bellísima canción de cuna de De Falla y lentamente (aunque un poco más deprisa que en la realidad, porque todo se desarrolló en un cuarto de hora) sobre mi cabeza comenzó a girar el cielo que apareció en la noche entre el 5 y el 6 de enero de 1932 sobre la ciudad de Alejandría. Viví, con una evidencia casi hiperrealística, mi primera noche de vida.
La he vivido por primera vez, dado que yo aquella primera noche no la vi porque estaba volteado hacia otra parte. Quizá no la vio ni siquiera mi madre, extenuada por las fatigas del parto; pero quizá la vio mi padre, que salió calladito calladito al balcón, un poco agitado e insomne por el evento admirable (al menos para él) del cual había sido testimonio y remota concausa.
Estoy hablando de un artificio mecánico realizable en muchos lugares con un poco de trabajo y buena voluntad, y quizá la experiencia ya la han tenido otros, pero me perdonarán si por quince minutos he tenido la impresión de ser el único hombre sobre la faz de la tierra (desde el inicio de los tiempos) que se estuviera reuniendo con el propio inicio. Es una emoción difícil de describir: se tiene la sensación (casi el deseo) de que se podría, se debería morir en ese momento -y en todo caso otros momentos serán bastante más casuales e inoportunos.
Es un regreso al útero, pero a un gran útero celeste. Es un sentido de reconocimiento (quizá para los Decanos del Zodíaco) no por el haber nacido y vivido, que de todos modos me ha ido como me ha ido, sino por haber tenido muchos años antes la primicia de aquél espectáculo cósmico. Existe un sentido de sorpresa al poderla revivir, único de verdad entre los mortales, porque podrá sucederle a los otros, aún a todos en un día, pero aquella concavidad y aquellas estrellas, con aquella disposición, reencontrada en ese momento, me era devuelta; eran cosas todas mías y de ningún otro.
De acuerdo, regresemos con los pies en la tierra. Era sólo tecnología, aunque sea nutrida y sostenida por un poco de fantasía. Pero no a todos les es dado el encontrar al Aleph tropezando en una escalera, o de mirar en el momento justo aquel vaso de cobre, golpeado por aquel rayo de sol, que decidió la vida de Jakob Böhme. Se toma aquello que se encuentra, o que te regalan.
Dicen que un día todos viviremos sensaciones indecibles cuando estará a disposición la realidad virtual. Pero como ven no es necesario esperar a que la metan en comercio, y hay quien hasta se contenta de encontrarla viviendo el mundo a través de la televisión. Yo me gocé mi sueño faustiano, creía como todos haber perdido mi momento para siempre, porque no se puede decir, so pena de la maldición, "detente, eres bello". Y en su lugar me lo han restituido, aunque sea por quince minutos.



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La prima notte della mia vita en 'La Bustina de Minerva' de Umberto Eco pp. 294-295. (c) 2000 RCS Libri S.p.A. Este libro recoge una selección de todos los artículos que U.E. publicó semanalmente en 'L'Expresso' de 1985 a 1998.
Traducción rescatada del folder de Gandalf, el Mago Gris

jueves, 28 de febrero de 2008

Seesmic: crear una conversación a través del vídeo



Se trata de una nueva aplicación online, actualmente en una fase temprana de desarrollo, que permite crear conversaciones a través del vídeoSeesmic es un sistema que permite el 'microblogging' a través del vídeo, al igual que el sistema Twitter se ha impuesto en los mensajes cortos de texto. Se trata de un formato que ofrece muchas posibilidades para conocer a nuevos amigos, o mantener una conversación en público sobre temas de interés, aunque la utilización del vídeo puede echar para atrás a muchos usuarios.

Autor: Antonio Delgado | Fecha de publicación: 24 de febrero de 2008

La principal utilidad de Seesmic es la de permitir que los usuarios registrados puedan conectar su cámara e iniciar cualquier conversación, o simplemente decir lo que están haciendo o pensando, en la línea de los servicios de vídeo en directo que se están popularizando.

Cada vídeo de Seesmic contiene una pestaña para realizar una respuesta, que queda encadenada al vídeo original a modo de 'hilo', y así el resto de usuarios pueden seguir la conversación y añadir una respuesta si así lo consideran oportuno.

A la hora de mostrar los vídeos, el sistema permite seleccionar los idiomas entre inglés, español, francés, alemán, italiano, ruso, holandés, chino, coreano y japonés.

Realizado con la tecnología Adobe Flex (creadores del formato Flash), la página mantiene tres columnas principales: la central, donde se visualizan y graban los vídeos, la de la izquierda (donde se encuentran las pestañas para localizar los vídeos generales, de amigos o respuestas recibidas) y otra a la derecha con conversaciones activas, opciones del perfil y recomendaciones.



El sistema cuenta con un botón rojo, para grabar, que permite conectar mediante un clic con la webcam del ordenador del usuario. Una vez realizada la grabación, se selecciona un título y el idioma para su publicación en la plataforma. Posteriormente el resto de usuarios podrán verlo y podrán realizar otras grabaciones como respuesta.

Vídeos desde el móvil
Junto con la grabación directa desde Seesmic, los vídeos pueden añadirse directamente desde Youtube, añadiendo la dirección del mismo, o bien subiendo un fichero del vídeo en formato '.FLV' (vídeo en flash). El máximo permitido por vídeo son 5 minutos.

También es posible enviar vídeos a través del móvil a Seesmic, grabados con la aplicación Shozu, que entre otras cosas, permite utilizar la cámara de vídeo de algunos modelos de móviles con los servicios sociales más populares de Internet, como Flickr o Youtube.



Los vídeos de Seesmic pueden ser insertados, al igual que ocurre en Youtube, dentro de otras páginas web o ser enlazados de forma independiente a la plataforma.

Integrable en redes sociales
Seesmic se integra con otras redes sociales. En esta fase 'alfa' en la que se encuentra la plataforma, sólo es posible añadirlo a Skype y Twitter, además de indicar la página personal del usuario en las opciones generales. Está previsto que otras aplicaciones sociales como Facebook o Youtube puedan ser incorporadas por los usuarios.

Actualmente, sólo es posible acceder al sitio mediante invitaciones para probar la beta, que pueden pedirse desde la home del sitio.

Seis millones de dólares de capital


El proyecto está liderado por Loïc Le Meur, emprendedor francés residente en EEUU, conocido por ser uno de los bloggers más influyentes de Francia, asesor de Internet del presidente Nicolas Sarkozy y ex responsable en Europa de Six Apart, empresa creadora del software para bitácoras Movable Type.

También es conocido por ser el organizador de Le Web3, una de las principales conferencias sobre Internet realizadas en Europa. La última ronda de financiación de Seesmic, ha sido de seis millones de dólares.

Entre sus financiadores están Ron Conway, uno de los primeros inversores de Google, y Janus Friis y Niklaz Zenström, fundadores de Skype y Joost. En la puesta en marcha del servicio, ya participaron otros inversores como Martin Varsavsky, fundador de Fon.

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Fuente: http://www.consumer.es/web/es/tecnologia/internet/2008/02/24/174361.php